jueves, 6 de diciembre de 2012

ENTRE RELOJES Y CUCHILLOS.



the big Ojota.

Me gusta mucho esta historieta. Disfrué mucho este trabajo que hicimos en el taller de Zap, como siempre, va. Solo que esta vez nada más tuve que dibujar. Nada más y nada menos que un guión del gran Ojota.




http://loslaburosdeojota.blogspot.com.ar/


En un abrazo.




Conozco todo lo que entra en

un abrazo. Conozco todo lo que conlleva la

alegría, la algarabía –la forma lo muestra-.

Un pueblo en andas, sobre los hombros, participa

de ese abrazo a la distancia –a una distancia inagotable-

 y, sin embargo, puede sentir el roce de una mano,

el peso de los que van llegando en patotas

desenfrenadas, la respiración agitada de quien lo abraza.

Y la contracara gris. La contracara húmeda del llanto

 que no es dicha, del llanto espasmódico con el que se

escapa el alma y un poco también, la vida. En ese

abrazo, la mano temblorosa de la tristeza intentará

 herir el pecho orgulloso de la exhaltación,

la cabeza nublada intentará golpear

 el brazo levantado del festejo.

Pero estarán muy

 lejos en ese abrazo en

 donde, de todos modos,

 están fundidos.

Tan lejos que la intención de consuelo sonará vacía, que la

esperanza se percibirá

inasequible…

Tan lejos… Y esa herida

en el alma permanecerá

eternamente,

tan profunda,

tan abismal,

que bastará lo mínino

para que vuelva a sangrar.



Y la bronca deberá ser tragada…

Y la alegría inmensa.

 
(Ana)
 
 
 

martes, 24 de julio de 2012

Pero lo quiero ya.

Seguro esta exageración no valga mucho para mañana. Pero en este momento me siento feliz de haberla exagerado. 

Pocas veces sé, o tal vez, mejor dicho, pocas veces estoy seguro de lo que voy a dibujar cuando le muestro la cara a la hoja (vieja o nueva, como sea). Más bien me imagino en situación de penal inesperado. Un penal de partido de barrio. Así de importante, porque digamos que un penal de barrio vale mucho para mí. 
Pocas veces sé. 
Me mareo. La cabeza me empieza a pesar. Se hace más nueva. Me pican las piernas, o los brazos, o los pelos. Siempre algo me pica. Mis respiraciones se hacen oír. Y estoy convencido de que me vuelvo más débil... Así es como me comporto durante. No dejo que nada de lo que me quiere atrapar en esa mesa, me alcance. Y de a poco se empieza a ver. Por entre los hilos de tinta, se empieza a ver algo que me importa.
Yo me parezco viejo. Me quejo mucho para adentro o en voz baja. Esto último me hace más viejo. Yo sé que eso que voy a hacer aparecer me va a transformar por unas horas. Es maravilloso. Es exactamente una hermosa mancha en la hoja. Puedo ver lo que quiero y nadie me va a correr por eso. Pero no es un sentimiento o una sensación que haga que mi cabeza negra cambie. Y es por eso que lo disfruto más.
No pretendo hipnotizar a nadie. Mis manchas peinadas son bien feas para eso. Les importa vivir, como a mí. Estar en algún lado, reflejar, lo que yo quiera. Ese lugar que ocupan es mil veces mejor que cualquiera cosa. Lo que quieren es conversar, por eso deciden salir, desvelarse. Aunque todo esto a veces me haga doler.